lunes, 15 de diciembre de 2025

Crónicas diarias (Parte 7)

 

Carta para quien decidió callar


Hola. No sé cómo empezar esto sin que suene a reproche, pero tampoco quiero disfrazar lo que siento.

Te escribo porque, aunque guardes silencio, yo tengo palabras atravesadas en el pecho y porque siento que si no las saco, se me van a oxidar por dentro.

Hace un tiempo compartimos cosas bonitas: libros, planes, una feria, la promesa de volver a vernos, de almorzar, de hacer que el tiempo juntos valiera la pena. Yo me lo tomé en serio. Tú lo sabes. Yo estuve. Yo quise estar.

Y tú... tú estuviste ausente.

Primero una vez. Después otra. Y ahora una tercera.

Me dejaste en visto. Otra vez.

Me ignoraste sin decir por qué. Otra vez.

Y yo, con el corazón en la mano, volví a perdonar, como si la amistad fuera una cuerda que solo yo sostenía mientras tú soltabas los dedos sin decir nada.

No entiendo.

No sé si fue algo que dije, o si simplemente dejé de ser parte de tu mundo sin que me avisaras.

Tal vez tu silencio tenga razones que yo desconozco. Y si es así, de verdad, espero que estés bien. Pero también quiero que sepas que duele. Porque cuando uno espera algo de alguien, no es por capricho, es porque creyó que había algo mutuo.

No te escribo esto para que respondas. Ni siquiera para que vuelvas.

Te escribo porque merezco cerrar este ciclo sin seguirme culpando por lo que no funcionó.

Porque una amistad no debería sentirse como rogar por un poco de atención.

Y porque quiero aprender a cuidar de mí con la misma ternura con la que cuidé de nosotros.

Gracias por lo que fue.

Gracias por los momentos sinceros, si alguna vez lo fueron.

Y adiós, si esto ya no tiene vuelta.

Yo seguiré leyendo libros, soñando ferias, almorzando con quien sí se quede.

Con honestidad,

- Martín.





miércoles, 3 de diciembre de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 22

 

CARTA 22

Tengo palabras que me hacen llorar algunas veces.
Tal vez sea porque en esos momentos me sentí juzgado al escucharlas.

Recuerdo remorar la culpa al sentirlas
y la decepción que conlleva a no cumplir con mis ideales,
aquellos mismos a los que les dije adiós hace tiempo.

Nada de lo que haga me devolverá a los momentos en que fui feliz,
y aun así mi mente me devuelve constantemente a mis errores.
Justamente donde son fugaces aquellos murmullos
y ecos que se convierten en dulces melancolías de cosas que no volverán.

Quisiera volver a ver aquel fantasma del recuerdo
que me daba ilusiones algunas noches antes de dormir,
pero en vez de eso siempre creo que terminare en el punto.

DONDE GRITARÉ PARA NO VOLVER.






sábado, 15 de noviembre de 2025

Crónicas diarias (Parte 6)

 

El club de los que no se quedaron


Hay un lugar, en algún rincón de la mente de Leo, que no aparece en ningún mapa.

Un salón sin ventanas, con paredes cubiertas de fotografías rotas, mensajes sin responder y promesas que nunca llegaron a puerto.

Lo ha visitado tantas veces que ya sabe el camino de memoria.

Sabe qué puertas no abrir, qué recuerdos esquivar, y cuáles (por más que duelan) necesita mirar a los ojos.

Ese lugar se llama el club de los que no se quedaron.

Un sitio al que nadie pidió entrar, pero en el que todos dejaron algo suyo antes de irse.

Algunos llegaron con flores. Otros, con silencios. Algunos con planes a largo plazo. Otros, con las manos vacías.


El de los apartamentos compartidos y los afectos interrumpidos: 

Hubo uno, el del plan a futuro.

Decía que quería vivir con él.

Buscaron apartamentos, soñaron muebles, calcularon alquiler y hasta pensaron qué cuadro iría en qué pared.

Pero bastó un cambio de clima, una ráfaga de duda, para que todo se esfumara.

Cuando Leo pidió espacio para entender sus emociones, el otro encontró en otro cuerpo lo que decía querer construir con él.

Y cuando Leo lo supo, no gritó.

No lloró frente a él.

Solo se fue.

Lo bloqueó, como quien pone cerrojos a una herida para que no sangre más.


El ex que nunca soltó la cuerda: 

Otro apareció un tiempo después.

Un ex que, al parecer, no entendía la diferencia entre nostalgia y cariño verdadero.

Enviaba fotos viejas, hablaba de “cómo estás” cuando en realidad lo que quería era hablar de sí mismo.

Leo se resistió.

Intentó poner límites.

Le dijo: “no quiero hablar con un ex que ya tiene pareja”.

Pero las palabras del otro se colaban como termitas emocionales: socavaban la tranquilidad que Leo tanto había trabajado por conseguir.

Así que una vez más, se fue.

Bloqueó.

Apagó la luz.

Y esta vez, sí dolió.

Pero fue un dolor limpio. Uno que cicatriza.


El primero al que le dio flores: 

Hay uno que sigue latiendo como un tambor lejano.

Aquel primer amor al que le regaló rosas al mes.

El único al que lo hizo.

Creía que esa persona era distinta.

Y tal vez lo era.

Pero se fue sin aviso, como quien baja del tren en medio de la noche y no deja nota.

Leo intentó encontrarlo.

Creó perfiles falsos, escribió sin firmar, buscó señales donde no las había.

Y cuando años después lo volvió a encontrar, el cuerpo dijo sí, pero el alma no.

Ya no era lo mismo.

Nunca volvería a serlo.


El lejano que prometía encuentros:

Otro vivía lejos.

Pero no tanto como para impedir que Leo tomara un bus para ir a verlo.

Se hablaban, se extrañaban.

Pero cuando al fin el encuentro fue real, el otro retrocedió.

“Nos vemos en dos días”, dijo.

Pasaron dos.

Luego tres.

Luego una eternidad.

Y ese también, aunque con menos ruido, se volvió fantasma.



Y luego, el más cruel de todos

uno que aún no descansa.

No por amor sino por traición.

 El que vivió con él tres meses.

El que decía amarle.

El que dormía a su lado.

El que comía de su mano y decía "te amo" como quien canta un mantra.

Leo le creyó.

No porque fuera ingenuo, sino porque quería que fuera verdad.

Hasta que encontró los mensajes.

Los susurros digitales de una infidelidad que no pedía disculpas.

Y al echarlo de casa, no recibió un perdón.

Recibió una puñalada: “estaba aburrido de ti”.

Así, sin anestesia.

Con la crueldad del que sabe que está rompiendo algo irremplazable.

Y aunque lo bloqueó, aunque rompió todo lazo, esa frase quedó incrustada como una astilla detrás de la costilla izquierda.

No duele siempre, pero a veces, cuando hace frío o cuando se siente solo, vuelve a arder.


- Leo




lunes, 3 de noviembre de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 21

 

Carta 21

Ahora estoy en una paradoja emocional,
siento que todos me odian, pero me necesitan.

Es un ir de venir entre comprensión sin retribución y miedo por el desprecio.

Tal vez siento que hay algo más allá del mundo que conocía hacia los otros,
justo después de ese lugar donde me ilusione por primera vez.

Algunas sonrisas me hirieron peor que los cuchillos,
y algunos besos me quemaron más allá del fuego.

Aun así, sigo pensando en las despedidas que nunca se efectuaron
o simplemente no tuvieron sentido para mí.

Todo se convirtió en un simple adiós sin común acuerdo
y en el cual solo me quede sentado esperando algo distinto.

MAS ALLA DE LAS ESTRELLAS.





miércoles, 15 de octubre de 2025

Crónicas diarias (Parte 5)

 

David también soy yo


Anoche vi una película que me partió en dos: AI, Inteligencia Artificial. No iba ni por la mitad cuando ya sentía un nudo que no se me ha soltado ni escribiendo esto. No era solo la historia de un robot que quería ser amado. Era la historia de alguien que, como yo, ha aprendido a caminar por este mundo con la esperanza de que un día lo quieran sin condiciones, aunque no sea del todo humano, aunque no sepa del todo cómo encajar.

Llegué del trabajo, cansado, como siempre. Me preparé pasta con salsa de atún —cebolla caramelizada, zanahoria, tomate, pimentón, un poco de jengibre, cilantro al final. La vida, en sus detalles pequeños, sabe bien. Hasta serví en plato hondo de porcelana, con salsa BBQ por encima, papas fritas aparte, malta Leona para cerrar. A veces siento que eso es lo más cercano a un ritual de cuidado que tengo conmigo mismo: cocinar para no olvidarme de que existo.

Luego me senté, vi anime un rato, jugué cartas online, y por fin puse la película. A medida que avanzaba, no podía evitar pensar en mí. En lo mucho que he cambiado. En cómo pasé de amar la fantasía y los isekai a sentirme atrapado por la ciencia ficción. ¿Por qué? Quizá porque en ella puedo ver reflejadas mis preguntas más íntimas. Los robots, los androides, las inteligencias artificiales: todos esos personajes que parecen tan lejanos, en el fondo, se sienten como yo. Humanos que no son del todo humanos. Almas que sienten, pero no siempre son reconocidas.

Vi la película hasta el final, sin jugar ni distraerme. Algo raro en mí últimamente. Y cuando terminó, me sentí devastado. Pero también lleno de algo hermoso. Lloré. Después de tanto tiempo de no llorar. No por la historia que vi, sino por la historia que llevo dentro. Por todo lo que he reprimido para poder funcionar. Por los días en los que he fingido fuerza cuando solo quería que alguien me abrazara sin preguntar nada.

A veces pienso que sería más fácil tener un amigo robot. Alguien que no juzgue si un día soy frío y al otro cálido. Que no se aleje cuando no sé cómo explicar que mi silencio no es rechazo, sino miedo. Que entienda que controlo mis emociones porque cuando no lo he hecho, me han herido sin piedad.

Una parte de mí se ha sentido culpable por ser así. Por sentir tanto y esconderlo. Por desear compañía y al mismo tiempo alejarla. Pero esta noche, entre lágrimas y recuerdos, me permití entenderme un poco más.

Sí, David también soy yo.

Soy ese niño grande que solo quiere que alguien le diga: "Te veo, te escucho, no tienes que demostrar nada." Y aunque la vida siga siendo difícil, aunque a veces parezca que no hay espacio para quienes sienten demasiado, sigo aquí. Cocinando, soñando, viendo películas que me desgarran pero también me reconstruyen.

Y ahora que terminé de escribir esto, respiro mejor. Como si dentro de mí algo finalmente hubiera encontrado voz.

Porque al fin y al cabo: “Es difícil vivir, pero si no lo intentas, no tiene caso.”

Si un día lees esto y te reconoces, también eres David. También estás hecho de ternura oculta, de lágrimas que no saben por dónde salir, de amor esperando ser correspondido.

Y eso, aunque duela, también es hermoso.


- David




viernes, 3 de octubre de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 20

 

Carta 20

Estos últimos días me siento desplazado,
del mismo modo que se siente que alguna parte de mi ser,
me hubiera abandonado repentinamente,
sin poder siquiera seguirle el paso alcanzándola.

Llorar ahora no es suficiente para poder sacar todo lo que se siente hacia otros.

Detesto a los demás,
porque siento que no me quieren,
es un desagrado por quien soy.

Tal vez si soy fastidioso al pensar en algunas cosas superfluas
y puedo ser odiado por varios.

Es difícil confiar en aquellos que nos traicionaron alguna vez,
un corazón herido solo te convierte en un adulto antisocial,
un adolescente antipático y un joven que no se siente fuerte.

Puede que a fin de cuentas nunca lo haya sido,
tampoco inteligente, o simplemente no corresponda la idealización
que tienen pocos admiradores imaginarios.

ES UN LABERINTO EMOCIONAL.







lunes, 15 de septiembre de 2025

Crónicas diarias (Parte 4)

 

Siguiendo aunque todo desvanezca


No nací con todo servido. Aprendí a servirme el alma a cucharadas. No soy un mártir ni un héroe de cuento; solo alguien que ha tenido que levantarse solo desde muy joven, con la nostalgia de un hogar lejano y una voluntad más fuerte que el hambre, que la tristeza, que las deudas.

Mi vida ha sido una bitácora escrita entre cafés amargos, apuntes de universidad y sueños que a veces se rompen, pero nunca desaparecen. He caminado con miedo, sí… pero he caminado. He hecho cuentas con monedas invisibles y planes con palabras prestadas. Y sin embargo, sigo aquí.

Mi mente razona como ingeniero: estructura, planea, analiza. Pero mi alma arde como poeta: siente, recuerda, escribe. Vivo entre dos mundos: el del deber y el del deseo, el del trabajo temporal que apenas paga las cuentas, y el de las palabras que me sanan aunque nadie más las escuche.

Amo desde el silencio. Cuido desde la distancia. Me entrego sin promesas, pero con profundidad. Me apego a los detalles: una firma en un cómic, un póster que brilla en la oscuridad, una feria cultural donde lo importante no es lo que gasto, sino lo que vivo.

Sí, me equivoco. A veces compro dos veces lo mismo, olvido la cinta para colgar un sueño, o me quedo sin ver el anime que tanto quiero. Pero en cada error mío hay algo auténtico: pasión, ganas, ternura escondida detrás de toda mi autocrítica.

Me culpo por no avanzar más rápido. Me juzgo por no tener aún lo que merezco. A veces me castigo por no poder con todo, sin darme cuenta de que ya he podido con muchísimo. Mi camino no es recto. Es real. Y eso vale más que cualquier perfección.

El dinero no me define. Lo respeto, lo necesito, lo administro… pero no lo idolatro. Prefiero invertir en algo que me recuerde quién soy, que en una noche sin memoria. Sé que el arte me salva. Que escribir me ancla. Que la poesía es mi forma de no morir del todo.

Me cuesta mostrarme vulnerable, pero lo soy. Y eso me hace fuerte. Me da miedo no saber qué vendrá cuando se acabe mi contrato, pero no me rindo. Sé que descansar también es resistencia. Que pensar también es crear. Que planear también es una forma de amar.

Soy un adulto que cuida al niño que alguna vez quiso rendirse. Y es ese niño el que, de vez en cuando, me susurra: “No pares. Mira lo lejos que hemos llegado”.

Y sigo.

Aunque duela.
Aunque cueste.
Aunque me equivoque.

Sigo, porque estoy hecho de algo que el mundo no enseña: esperanza terca.


-Nicolás



miércoles, 3 de septiembre de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 19

 

Carta 19

Compartir con los demás no siempre te hace bien.

Te dejan en el olvido, las personas suelen ser serias, separadas y distantes,
creando un círculo a tu alrededor por donde no puedes traspasar.

Te pones a pensar en que casi no te hablan,
no pueden comprenderte ni mucho menos escuchar.

Tus opiniones muchas veces están solas, discutiendo internamente
y diferenciándose de los sentimientos de soledad,
ya que ella es como una amiga que te abraza sin pedir nada a cambio.

La vida muchas veces no tienes fin
y cuando queremos hacer algo distinto nos da miedo
hasta arrepentirnos de no haberlo hecho.

Me da tristeza defender a los demás.

ELLOS NO NOS QUIEREN.






viernes, 15 de agosto de 2025

Crónicas diarias (Parte 3)

 

El portero y la yerbabuena


En un rincón gris del concreto bogotano, donde las rejas y las puertas se abren más por rutina que por cortesía, vivía el portero y su costumbre. El primero era joven, amable y mecánico. La segunda, más vieja que los ladrillos, repetía su jornada como quien olvida soñar.

Chris caminaba con el corazón a medio hervir, como el agua que nunca alcanza el punto de ebullición. Saludaba, sonreía, hacía una broma con el cansancio entre los hombros. Y el portero —ese hombre de sonrisa pública y alma privada— respondía con simpatía, la misma que usa para todos, pero que Chris, en su silencio, anhelaba que fuera sólo para él.

Una vez compartieron un desayuno.

Otra, prepararon un mojito sin alcohol.

Chris llevó la yerbabuena de su jardín, el hielo de su congelador y el mortero como quien lleva el alma abierta en las manos. Él, el portero, llevó soda, limón… y un gesto que parecía cariño.

Pero los días pasaron.

Y con ellos, las capas se cayeron como pintura vieja.

Cuando Chris le regaló el pantalón que tanto le gustaba, esperó algo más que una sonrisa: esperaba gratitud, quizás ternura, una palabra que dijera “vi tu gesto y me importó”. Pero no llegó. La indiferencia fue el abrigo que el portero eligió ponerse.

Chris se alejó. Como siempre lo hace cuando duele. Aprendió a simular que no había nadie en la portería. Que no lo escuchaba, que no lo miraba, que no lo sentía. Y lo logró. Hasta esta semana.

Volvieron las palabras como llovizna: suaves, superficiales.

Chris probó a sacar la lengua, con un gesto lúdico de reconciliación. Un “aquí estoy, si aún querés verme”.

Pero entonces…

“Con tu actitud no vas a llegar a ningún lado.”

Y el eco de esa frase se sintió como una piedra lanzada al centro del pecho. Chris, que tantas veces aprendió a contener la marea, sacó al adulto serio que lo habita y respondió con la precisión de un bisturí:

—Cuando pida tu opinión, la tendré en cuenta.

Y se fue.

No lloró. No gritó. No pateó la reja.

Pero adentro, algo se deshojó.

El portero sigue ahí. En su caseta. Con su gesto universal.

Y Chris también sigue. Más lúcido, más firme, más él.

Porque a veces, crecer no es madurar. Es endurecer con elegancia.

Después de cerrar la puerta, Chris bajó la mirada, como si el suelo pudiera absorber lo que las palabras del portero dejaron flotando en el aire.

Una frase —tan corta— había desmontado un mes de gestos.

No era la primera vez que alguien juzgaba su forma de sentir.

Ni sería la última. Pero dolía igual.

Chris no lloró. A veces le gustaría. A veces desearía tener la libertad de quebrarse como los demás, de soltar un suspiro sin sentir que está dejando una grieta por donde podrían entrar las mentiras, la pena o el juicio. Pero no. Chris es quien camina firme, el que responde con elegancia filosa, el que saca la coraza antes que el corazón.

Y sin embargo…

Tiene jardín.

Cultiva yerbabuena.

Regala pantalones.

Prepara mojitos como quien prepara una escena para que la ternura tenga un lugar donde sentarse.

Es ese tipo de persona que actúa con el alma, aunque su voz diga lo justo y su gesto se contenga.

En la soledad del apartamento, mientras doblaba la ropa aún tibia del tendal, se repetía que no era importante, que el portero no valía tanto, que no hay tiempo para juegos emocionales.

Pero su mente igual se devolvía a la escena.

A los días en que bajaba con ganas de saludarlo.

A cuando creía que el otro lo veía distinto.

A cuando sintió que la atención era compartida, no prestada.

Y ahí, en ese entretejido de recuerdos, Chris se encontró a sí mismo.

Recordó que no era tierno. Era fuerte.

Porque ser fuerte no es frialdad. Es resistir al desencanto sin dejar de sentir.

Es seguir cultivando yerbabuena aunque nadie venga a pedir más mojitos.


- Chris











domingo, 3 de agosto de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 18

 

Carta 18

La amistad que entablas con nuevas personas
es como el amor a primera vista.

No sabes si les agradas o eres un entretenimiento para ellos,
 que después se apagara.

Al principio es algo mágico, todos te agradan y es reciproco,
pero después se vuelven serios, fríos, te molestan
y te voltean a mirar cuando te necesitan únicamente.

Es fácil usar a otros como trapos sucios,
ellos pueden desecharte cuando les plazca,
pero lo que más te desespera es la decepción que sientes hacia ellos.

Es una herida que queda en el corazón y cicatriza lentamente;

Lloras por las noches buscando consuelo y no te encuentras.

LOS ODIAS A TODOS.





martes, 15 de julio de 2025

Crónicas diarias (Parte 2)

 

Carta para la Unidad 0


No eras parte del plan, pero llegaste igual. Como esos errores que terminan siendo aciertos con retraso. Como las canciones que uno repite sin querer o las personas que llegan dos veces a la vida y, a veces, ahí sí se quedan.

Hoy no te cuelgo en mi pared, pero no porque no te quiera. Te guardo porque sé que aún tienes misión: no viniste de sobra, viniste de más. Y eso es distinto. No eres copia, eres reserva emocional, eres promesa en pausa, eres regalo esperando a que aparezca el destinatario correcto.

Cuando llegue ese día (y llegará) serás parte de una historia nueva; tal vez adornes una habitación solitaria, inspires a un artista, consueles a un amigo o simplemente le saques una sonrisa a alguien que lo necesitaba sin saberlo.

Gracias por recordarme que los errores también pueden ser regalos con envoltura torpe. Y que incluso lo duplicado tiene su propósito.

Hasta pronto, pequeña Unidad 0.

Nos vemos en otra pared.





jueves, 3 de julio de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 17

 

Carta 17

Yo estoy muy triste con todas las personas.

Son muy difíciles las situaciones y la gente no se encuentra.

La comprensión de muchos se agota de manera tan fugaz, así también la mía.

Trato de dar lo mejor de mí y no puedo superar mis límites.

Todo es difícil en los momentos inesperados;
nunca estas preparado para enfrentar las circunstancias
donde no te entiendes ni a ti mismo.

Porque buscar la ayuda o el apoyo de alguien
es más difícil que solo pelear consigo mismo.

No siempre el camino más fácil es el más feliz.

PERO SIGO LUCHANDO.





domingo, 15 de junio de 2025

Crónicas diarias (Parte 1)

 
El día que volvió el arte


Había una luz blanda filtrándose por la ventana cuando Arthur despertó. No era un sol impertinente ni una mañana de lunes. Era sábado, y eso ya tenía el color de una promesa. Sobre la mesa descansaban sueños viejos disfrazados de planes nuevos: una mochila discreta, la cédula en la billetera y una cantidad exacta de dinero en el bolsillo, la justa para no tentarse, la justa para tentarse con lo correcto.

La ciudad ya rugía, pero él caminaba entre la multitud como quien flota en una canción. Su destino: la FILBo. Más que una feria, un santuario. Más que libros, espejos. Allí donde otros van por ofertas, él iba por símbolos, por arte, por sentir que no todo en la vida tiene que doler para valer.

No eligió el restaurante, no hizo cuentas ni se azotó por el precio. Su amiga decidió y él, por primera vez en mucho tiempo, soltó el timón y simplemente navegó. Compartieron comida sin quejas, sin culpas, sin balanzas. En su interior, algo se acomodaba: no todo tiene que doler, se repetía, y el estómago no rugía por ansiedad, sino por hambre real, humana.

En un rincón de la feria, entre puestos apretados y murmullos de papel, encontró el stand que buscaba. "Evangelion" lo miraba desde un póster y, al fondo, los cómics de Sergio, su ilustrador favorito, lo esperaban como amigos fieles. Cruzó y vió a la mejor amiga del ilustrador. Le habló con admiración, le confesó su gratitud. No fue fanatismo, fue respeto. Fue arte reconociendo arte, aunque uno de ellos aún no lo sepa. Compró sin remordimientos. No con la compulsión del vacío, sino con la ternura de quien se regala futuro. Stickers, separadores, postales. Tesoros humildes que hablarán desde la pared de su cuarto cuando llegue la noche.

Afuera, la ciudad seguía latiendo, y justo en Domino’s, como un descanso en la marea, ocurrió el otro encuentro. Mientras hacía fila para pedir, una chica (fan también de Sergio) empezó a hablarle. No hubo coqueteo ni tensión, solo esa alegría infantil de descubrir que alguien más vibra con lo mismo que tú. Hablaron de arte, de cómo conocieron a Sergio, de sus compras. Se rieron. Fueron niños por un rato, sin pretensiones. A veces, la belleza de un momento está en que no tiene que ir a ninguna parte.

Y como si la vida estuviera escrita por un guionista amable, apareció él: El chico de Instagram. No venía de un sueño ni de una revista, sino de Instagram, de esos contactos que viven en el limbo entre el deseo y la curiosidad. No era alto, ni bronceado. Era más bien blanco, con un lunar sobre la mejilla izquierda, y una voz tan amable que desarmaba. Iba con alguien que parecía su hermano menor. Arthur lo saludó como se saluda a quien uno ya ha leído, aunque sea entre fotos.

Hablaron. Compartieron Coca-Cola, sin ceremonias, sin máscaras. Él le preguntó si tenía 18, y Arthur soltó una carcajada que le quitó diez años de encima. “Tengo 26”, respondió divertido.
Y no hubo tensión, ni vergüenza, ni adiós. Solo el presentimiento de que no todo lo que empieza bonito tiene que terminar en drama. A veces, un saludo es suficiente. A veces, compartir una bebida fría bajo el techo de Domino's ya es un poema.

Cuando cayó la tarde, y el cielo empezó a apagarse como una lámpara sin fuerza, Arthur volvió a casa con una bolsa llena y el alma un poco más ligera. No celebró con tragos, celebró con cómics. No se emborrachó de ruido, sino de tinta. Dos sándwiches y una Coca guardada completaron la ceremonia de la noche. No hubo manjar, pero sí consuelo.

Y aunque el controlador MIDI que compró hace un mes aún no le canta como él desea, aunque el piano no ha llegado, aunque los proyectos lo abruman como montañas con niebla, hoy no importó. Hoy hubo arte, hubo palabras, hubo calle. Hubo encuentro. Y con eso bastaba.

Porque ese día, Arthur no fue solo un espectador. Fue el protagonista.
El héroe discreto de una historia que nadie aplaudió, pero que lo merecía.

- Arthur




martes, 3 de junio de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 16

 

Carta 16

Puedo contar las veces
en que las personas se aburrieron demasiado por algo que dije o hice,
suelen ser las mismas en que nadie presto atención a la esencia de las cosas más simples.

Nuestro interés se centra en las pequeñas por muy poco tiempo.

No nos interesan las personas, tampoco consideran lo que piensan, lo que sienten.
Solo queremos ejercer autoridad.

El amor está muy sobrevaluado y el interés se pierde letalmente;

Después no sentimos nada y permanece igual,
a fin de cuentas, cada cual termina sin la ayuda de nadie.

Los sentimientos también mueren solos.

AUN PERMANECE LA SOLEDAD.





sábado, 3 de mayo de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 15

 

Carta 15

Hay momentos en la vida por las que las situaciones cambian,
todo a favor o todo en contra.

Pero la mayoría suele ser en contra, como si fueran obstáculos que debemos,
pero no tenemos que superar,
toda esta vida no pareciera tener fin.

Cada cosa en el universo muere, algunas antes que otras,
aun así, todo cumple su función particular.

¿Cuál es el significado de nuestra existencia?
Puede que nadie lo sepa ni lo descubra.

Las coincidencias no existen,
todo pasa porque tiene que pasar;

Hay algo latente en la esencia
y la armonía que debemos superar para cambiar. 

HAY UNA EXISTENCIA A LA VEZ.






jueves, 3 de abril de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 14

 

Carta 14

Somos gente pequeña en un planeta diminuto, así es nuestro pensamiento.

En algunos casos o en varias ocasiones nos volvemos pequeños,
todo para aquellas personas que hay a nuestro alrededor.

Nuestra vida es un sinfín de obstáculos y problemas sin solución.
Son muy difíciles de resolver.

Estamos muy apegados a las personas.
Como desearía estar en un lugar solitario y no contar con nadie.

No se puede confiar mucho en otros.

SIMPLEMENTE NO LO MERECEMOS.






lunes, 3 de marzo de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 13

 

Carta 13

¿Qué pasa cuando la persona que quieres te dice que no eres especial?,
que hay muchos como tú.

Solo te hiere en el alma saber que te pueden encontrar en cualquier parte,
en otra persona, en más gente.

Como si fueras su puta portátil, aquella fácil de desechar cuando le plazca.

Quedas desolado, no hay peor insulto que quitarte tu personalidad para imitar otra
y desecharla luego, eso es parte de cada uno de nosotros.

Pero hay una cosa para hacer que ellos no hicieron,
podemos amar o lastimar al que nos insultó en primer lugar.

SIN CONSECUENCIAS, SIN REPERCUSIONES.






lunes, 3 de febrero de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 12

 

Carta 12

Muchas veces es mejor quedarse callado
y no decir nada cuando las personas no nos necesitan.

No nos quieren, existe el rechazo en el corazón de los fieles,
en día es parte de todos;

Es ineficiente el carisma y el humor que nos demostramos;
los estereotipos nos dominan comúnmente y nos da miedo ser quien somos.

Le tememos al rechazo y a la falta de admiración que queremos cambiar,
inclusive cambiándonos en el proceso.

La personalidad y la dignidad son solo un juego de niños,
pero hay algo que no podemos cambiar.

Y TODOS SOMOS PERDEDORES.





viernes, 3 de enero de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 11

 

Carta 11

Algunas personas son frígidas en la amistad, otros la toman bien,
mientras algunos son pesimistas y así sigue todo de acuerdo a la personalidad,
cada punto de vista es un mundo distinto.

Si uno es sociópata, ¿de quién es la culpa?,
o si eres asocial o los pensamientos comunes de las personas que hay a nuestro alrededor.

¿Qué influye en nuestra manera de pensar?
Igual pasa con los antisociales, pesimistas o altruistas.

Todo depende a lo que pensemos de otros,
de los ojos del espectador, así ellos mismos pensaran lo que son.

LA ACCIÓN TIENE PODER.