lunes, 15 de diciembre de 2025

Crónicas diarias (Parte 7)

 

Carta para quien decidió callar


Hola. No sé cómo empezar esto sin que suene a reproche, pero tampoco quiero disfrazar lo que siento.

Te escribo porque, aunque guardes silencio, yo tengo palabras atravesadas en el pecho y porque siento que si no las saco, se me van a oxidar por dentro.

Hace un tiempo compartimos cosas bonitas: libros, planes, una feria, la promesa de volver a vernos, de almorzar, de hacer que el tiempo juntos valiera la pena. Yo me lo tomé en serio. Tú lo sabes. Yo estuve. Yo quise estar.

Y tú... tú estuviste ausente.

Primero una vez. Después otra. Y ahora una tercera.

Me dejaste en visto. Otra vez.

Me ignoraste sin decir por qué. Otra vez.

Y yo, con el corazón en la mano, volví a perdonar, como si la amistad fuera una cuerda que solo yo sostenía mientras tú soltabas los dedos sin decir nada.

No entiendo.

No sé si fue algo que dije, o si simplemente dejé de ser parte de tu mundo sin que me avisaras.

Tal vez tu silencio tenga razones que yo desconozco. Y si es así, de verdad, espero que estés bien. Pero también quiero que sepas que duele. Porque cuando uno espera algo de alguien, no es por capricho, es porque creyó que había algo mutuo.

No te escribo esto para que respondas. Ni siquiera para que vuelvas.

Te escribo porque merezco cerrar este ciclo sin seguirme culpando por lo que no funcionó.

Porque una amistad no debería sentirse como rogar por un poco de atención.

Y porque quiero aprender a cuidar de mí con la misma ternura con la que cuidé de nosotros.

Gracias por lo que fue.

Gracias por los momentos sinceros, si alguna vez lo fueron.

Y adiós, si esto ya no tiene vuelta.

Yo seguiré leyendo libros, soñando ferias, almorzando con quien sí se quede.

Con honestidad,

- Martín.





miércoles, 3 de diciembre de 2025

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 22

 

CARTA 22

Tengo palabras que me hacen llorar algunas veces.
Tal vez sea porque en esos momentos me sentí juzgado al escucharlas.

Recuerdo remorar la culpa al sentirlas
y la decepción que conlleva a no cumplir con mis ideales,
aquellos mismos a los que les dije adiós hace tiempo.

Nada de lo que haga me devolverá a los momentos en que fui feliz,
y aun así mi mente me devuelve constantemente a mis errores.
Justamente donde son fugaces aquellos murmullos
y ecos que se convierten en dulces melancolías de cosas que no volverán.

Quisiera volver a ver aquel fantasma del recuerdo
que me daba ilusiones algunas noches antes de dormir,
pero en vez de eso siempre creo que terminare en el punto.

DONDE GRITARÉ PARA NO VOLVER.