Carta para quien decidió callar
Hola. No sé cómo empezar esto sin que suene a reproche, pero tampoco quiero disfrazar lo que siento.
Te escribo porque, aunque guardes silencio, yo tengo palabras atravesadas en el pecho y porque siento que si no las saco, se me van a oxidar por dentro.
Hace un tiempo compartimos cosas bonitas: libros, planes, una feria, la promesa de volver a vernos, de almorzar, de hacer que el tiempo juntos valiera la pena. Yo me lo tomé en serio. Tú lo sabes. Yo estuve. Yo quise estar.
Y tú... tú estuviste ausente.
Primero una vez. Después otra. Y ahora una tercera.
Me dejaste en visto. Otra vez.
Me ignoraste sin decir por qué. Otra vez.
Y yo, con el corazón en la mano, volví a perdonar, como si
la amistad fuera una cuerda que solo yo sostenía mientras tú soltabas los dedos
sin decir nada.
No entiendo.
No sé si fue algo que dije, o si simplemente dejé de ser
parte de tu mundo sin que me avisaras.
Tal vez tu silencio tenga razones que yo desconozco. Y si es
así, de verdad, espero que estés bien. Pero también quiero que sepas que duele.
Porque cuando uno espera algo de alguien, no es por capricho, es porque creyó
que había algo mutuo.
No te escribo esto para que respondas. Ni siquiera para que vuelvas.
Te escribo porque merezco cerrar este ciclo sin seguirme
culpando por lo que no funcionó.
Porque una amistad no debería sentirse como rogar por un
poco de atención.
Y porque quiero aprender a cuidar de mí con la misma ternura
con la que cuidé de nosotros.
Gracias por lo que fue.
Gracias por los momentos sinceros, si alguna vez lo fueron.
Y adiós, si esto ya no tiene vuelta.
Yo seguiré leyendo libros, soñando ferias, almorzando con quien sí se quede.
Con honestidad,
- Martín.

