domingo, 15 de febrero de 2026

Crónicas diarias (Parte 9)

 

Los fantasmas que vuelven 


No hay semana tranquila para el que arrastra cicatrices abiertas. A veces uno cree que ya cerró una historia, que dejó atrás a los espectros, que los "te extraño" quedaron archivados en una caja sin llave. Pero basta una foto, una palabra, una aparición repentina por chat para que los recuerdos se cuelen, como viento helado por la rendija de una ventana mal cerrada.

Esta semana, Alejo recibió dos visitas inesperadas. No tocaron la puerta. Simplemente llegaron. Una desde el pasado lejano, allá en Cúcuta, donde comenzó la historia de su primer ex. Un vínculo que se convirtió en relación a distancia, mal sostenida por hilos de afecto no correspondido, y que murió entre ausencias, mensajes no respondidos y una traición accidental (no por deslealtad), sino por esa mezcla de inmadurez y hambre de afecto que viene con la soledad.

El otro, más reciente, más cercano, también más difuso: un compañero de trabajo en Bogotá, alguien con quien compartió piel y silencios, pero nunca verdaderamente presencia. Un vínculo desigual, en el que Alejo entregó mucho más de lo que recibió, como tantas veces antes. No es que se enamorara. Es que proyectó en él una posible calma, una pausa en medio del caos. Pero ese alguien no estuvo ni cuando se le necesitaba, ni cuando el calendario marcaba celebraciones, ni cuando Alejo buscaba un abrazo que no pidiera explicaciones.

Y ahí están los dos, volviendo cuando él ya no los espera. Uno contando que ahora está saliendo con alguien más (como si eso fuera un dato que se comparte sin heridas) y el otro, lanzando preguntas triviales para iniciar una conversación que no tiene rumbo. Como si nunca hubieran desaparecido. Como si no hubiera dolor acumulado.

Pero Alejo ha aprendido. No a olvidar, porque no olvida, pero sí a protegerse. A poner límites que duelen menos que el abandono repetido. A decir “no me interesa” cuando antes callaba para no incomodar. A cortar conversaciones antes de hundirse en comparaciones crueles: “él es más delgado”, “él viaja”, “él tiene un trabajo estable”. Alejo, el que muchas veces se siente atrapado en un cuerpo que no siempre ama, en una vida que no le da tregua, en una ciudad que no termina de abrazarlo.

Pero también Alejo, el que aprendió a identificar cuándo el corazón se nubla por necesidad y no por amor verdadero. El que sospecha que no extraña a las personas, sino la idea de compañía, el ritual de compartir lo cotidiano con alguien que no huya. El que intuye que está en un bloqueo emocional, que su alma está en pausa, que necesita sanar antes de volver a confiar. Porque, como él mismo dice, “las personas son horribles”, y aunque sabe que no todas lo son, se protege tras esa generalización para no seguir sangrando.

Lo paradójico es que, en el fondo, Alejo no quiere estar solo. No desea vivir cerrado al amor, pero tampoco está dispuesto a volver a entregarse sin recibir lo mismo. Siente que ha sido usado, ignorado, traicionado. Y entonces, se ha vuelto cauteloso, como un perro callejero que ya no acepta cualquier mano extendida.

Su mejor amiga, siempre intuitiva, le dice que quizá lo buscan porque lo extrañan. Y puede que sí. Puede que muchos de los que lo dejaron atrás ahora miren con nostalgia a quien alguna vez les dio todo sin medida. Pero Alejo ya no está para juegos. Ya no quiere ser el que se queda esperando. El que pone la casa, la comida, la atención, mientras el otro decide si vale la pena quedarse.

Y así se va armando su historia, con pedazos de adiós y trozos de resistencia. Como un rompecabezas que no encaja con cualquiera, pero que se rehace con dignidad. Porque Alejo sigue buscando lo que pocos ofrecen: verdad, entrega, presencia. Y hasta que lo encuentre, seguirá escribiendo sus crónicas, cerrando ciclos, bloqueando fantasmas y cultivando su mundo interior.

Porque no es frío, aunque a veces se comporte como tal. Es un corazón en pausa, esperando que la vida le devuelvan el calor.

- Alejo 




martes, 3 de febrero de 2026

Cartas malditas sin destinatario (de mi para nadie) parte 24 (FINAL)

 

Carta 24 (FINAL)

SIEMPRE
ILUMINAME O ELIMINALOS.

TU LUZ SE EXTINGUE
Y NO TENEMOS ELECCIÓN.

TE AFLIGE EL ESTAR
CONDENADO O HERIDO
MIENTRAS ME RINDO FACILMENTE.

NUESTRA MENTALIDAD ESTA CORROMPIDA
¿LO ACEPTAS?
ES ALGO TRÁGICO,
LA ACCION TIENE PODER
Y TODOS SOMOS PERDEDORES
SIN CONSECUENCIAS NI REPERCUSIONES,
SIMPLEMENTE NO LO MERECEMOS.

HAY UNA EXISTENCIA A LA VEZ,
AUN PERMANECE LA SOLEDAD,
PERO SIGO LUCHANDO.

LOS ODIO A TODOS,
ELLOS NO NOS QUIEREN.
ES UN LABERINTO EMOCIONAL
MAS ALLA DE LAS ESTRELLAS
DONDE GRITARÉ PARA NO VOLVER
A SER HUELLAS EN LA ARENA.

FINAL






Parte A:





Parte B:





Parte C:





Parte D: